Sobre el informe

Este informe especial ofrece un balance del desempeño económico de China durante el XIV Plan Quinquenal (2021-2025), el ciclo de planificación que acaba de concluir. A diferencia de los informes trimestrales, que capturan la coyuntura, aquí se adopta una mirada de mediano plazo: se reconstruye la trayectoria de los principales indicadores macroeconómicos, productivos, sociales y de inserción externa a lo largo de los cinco años, con base en los datos oficiales publicados por la Oficina Nacional de Estadísticas de la República Popular China (NBS) y otras fuentes.1

Siguiendo el enfoque del Observatorio, se analizan conjuntamente las implicancias para América Latina, donde se discute cómo la dinámica china de cada dimensión se transmite a las economías de la región a través de los canales comercial, de precios de commodities, cambiario, de inversión directa y geopolítico.

El informe se organiza en once secciones analíticas, precedidas de esta nota y una introducción, y cerradas por una síntesis prospectiva orientada al XV Plan Quinquenal (2026-2030).

Resumen ejecutivo

El XIV Plan Quinquenal cierra con una economía china que cumplió sus metas de crecimiento y transformó su matriz productiva, pero que arrastra tensiones estructurales no resueltas. A continuación se sintetizan los principales hallazgos del balance y sus efectos sobre América Latina.

Desempeño de la economía china

  • Metas del Plan mayormente cumplidas, salvo en eficiencia ambiental. De los veinte indicadores objetivo, China cumplió o superó los de crecimiento, urbanización, I+D, empleo, ingresos y seguridad alimentaria, pero quedó por debajo de las dos metas obligatorias de intensidad energética (-13,5%) y de emisiones de CO₂ por unidad de PIB (-18%).
  • Crecimiento moderado y descendente. El PIB pasó de 117,4 a 140,2 billones de yuanes (unos 18,2 y 19,6 billones de dólares, respectivamente); creció 5,0% en 2025, pero con una trayectoria intraanual decreciente (5,4% en el primer trimestre a 4,5% en el cuarto).
  • Terciarización y salto tecnológico. Los servicios llegaron al 57,7% del PIB y la industria de alta tecnología, los vehículos eléctricos y las energías limpias lideraron el crecimiento, mientras retrocedían la construcción y las ramas intensivas en mano de obra.
  • Deflación y consumo débil. Los precios al consumidor se mantuvieron planos y los precios al productor siguieron en terreno negativo; el consumo de los hogares se desaceleró y persistió la "competencia desordenada de precios".
  • Ajuste inmobiliario prolongado. La inversión en desarrollo inmobiliario cayó 17,2% y la construcción retrocedió, deprimiendo la demanda de insumos pesados y los ingresos fiscales locales.
  • Superávit externo récord. Con exportaciones en alza (+6,1%) e importaciones estancadas, el superávit de bienes alcanzó 8,5 billones de yuanes (unos 1,19 billones de dólares), en un comercio que se reorientó desde Estados Unidos hacia la ASEAN, la UE y la Franja y la Ruta.
  • Transición verde consolidada. La energía limpia llegó al 30,4% del consumo total y las emisiones por unidad de PIB cayeron 5,0%, con liderazgo global en electromovilidad (16,5 millones de vehículos de nueva energía producidos).
  • Giro demográfico. La población cayó por tercer año consecutivo (3,39 millones menos) y el envejecimiento se profundizó, condicionando el crecimiento de largo plazo.

Implicancias para América Latina

  • Demanda de commodities sostenida pero sin el dinamismo del superciclo, con un sesgo creciente hacia los minerales de la transición energética (litio, cobre) y los alimentos premium.
  • Dependencia china de la soja importada (112 millones de toneladas) como principal vínculo agrícola con Brasil y Argentina, bajo el riesgo de la reanudación de las compras de soja estadounidense.
  • Mayor presión competitiva de las manufacturas chinas sobre las industrias regionales de complejidad media (autos, acero, textiles), que alimenta tensiones comerciales como las barreras arancelarias mexicanas.
  • Reordenamiento cambiario regional: el yuan se depreció alrededor de 14% en términos reales durante el quinquenio, mientras la mayoría de las monedas de la región (Argentina, Perú, México y Brasil) se apreció en términos reales, ampliando la brecha de competitividad-precio a favor de China.
  • Capital chino orientado a infraestructura, energía y minería en el marco de la Franja y la Ruta, con uso creciente del renminbi y financiamiento alternativo, bajo la creciente vigilancia geopolítica de Estados Unidos.

Introducción

El XIV Plan Quinquenal cierra un período excepcional para la economía china y la economía global. Iniciado en 2021 en pleno rebote pospandémico, atravesó el endurecimiento sanitario de la política de "COVID cero" de 2022, la reapertura de 2023 y, en los dos últimos años, una fase de crecimiento más moderado signada por tres tensiones estructurales: el ajuste prolongado del sector inmobiliario, la presión deflacionaria sobre precios y márgenes, y el endurecimiento de la disputa tecnológica y comercial con Estados Unidos.2

Pese a ese contexto, China sostuvo un crecimiento promedio en torno al 5% anual y completó la transición hacia un patrón de "crecimiento de alta calidad": menor peso de la construcción y el sector primario, mayor protagonismo de los servicios y, sobre todo, de la manufactura de alta tecnología y las llamadas nuevas fuerzas productivas. El resultado es una economía más sofisticada en su oferta, pero también más dependiente de la demanda externa para sostener el ritmo, en un momento en que el consumo interno muestra signos de enfriamiento.

Esta combinación (oferta industrial cada vez más competitiva, demanda interna debilitada y superávit comercial creciente) define el modo en que el desempeño chino impacta sobre América Latina. La región recibe simultáneamente un impulso de demanda por sus commodities y una presión competitiva sobre sus manufacturas, mientras la evolución del yuan y de los flujos de inversión china redefine las condiciones de competitividad y financiamiento de cada país. El balance del quinquenio permite leer esas tendencias con perspectiva, más allá del ruido coyuntural.

Las metas del Plan y su cumplimiento

El XIV Plan fijó veinte indicadores objetivo, agrupados en cinco dimensiones (desarrollo económico, innovación, bienestar, ecología y seguridad) y clasificados como "obligatorios" (vinculantes para el gobierno) o "de previsión" (orientativos). El balance del quinquenio es mayormente favorable en lo económico y social, pero registra dos incumplimientos nítidos en el frente ambiental.

Gráfico 1. Cumplimiento de los veinte indicadores objetivo del XIV Plan
Resultado como porcentaje de la meta. 100 = meta alcanzada.
Resultado expresado como porcentaje de la meta, de modo que 100% significa meta alcanzada: en las metas de techo y de reducción el cociente se invierte, y en las relativas la referencia es el crecimiento del PIB (5,0%). El cuidado infantil no tiene resultado informado. Base: Outline del XIV Plan y NBS; para intensidad energética y de emisiones, Carbon Brief, S&P Global y CREA.

China cumplió con holgura sus metas de actividad e inserción productiva: sostuvo un crecimiento promedio en torno al 5%, elevó la productividad laboral por encima del PIB, superó la meta de urbanización (67,9% frente al 65% previsto) y sostuvo un gasto en I+D creciendo por encima del 7% anual. También alcanzó o superó las metas sociales de empleo, ingresos, salud y cobertura previsional, y las de seguridad alimentaria y energética, con una cosecha de granos (714,9 millones de toneladas) muy por encima del piso comprometido. El punto flojo del bloque social fue la expansión de las plazas de cuidado infantil, que avanzó pero quedó lejos de la ambiciosa meta de cuadruplicar la oferta.

El talón de Aquiles fueron las dos metas obligatorias de eficiencia ambiental: la reducción de la intensidad energética (-13,5% acumulado) y de la intensidad de emisiones de CO₂ (-18%) por unidad de PIB. La mayoría de los análisis independientes coinciden en que ambas quedaron por debajo de lo previsto: la intensidad de carbono habría caído apenas en torno a un 8% en 2021-2024, menos de la mitad de lo comprometido, arrastrada por las crisis energéticas de 2021-2022, la prioridad dada a la seguridad de suministro y el fuerte crecimiento de la industria pesada y de la generación a carbón en los primeros años del Plan. La paradoja es evidente: China lideró como nunca el despliegue de energías limpias en términos absolutos, pero no logró que su economía consumiera energía y emitiera carbono con la eficiencia que se había propuesto.

Para América Latina, esta lectura de metas y logros tiene una consecuencia central. El cumplimiento de los objetivos de "crecimiento de alta calidad", más servicios y alta tecnología y menos construcción, confirma que la demanda china seguirá siendo grande pero de composición cambiante, favoreciendo minerales de la transición y alimentos por sobre insumos del ladrillo. Y el incumplimiento de las metas de eficiencia, lejos de anticipar menos consumo de energía, sugiere una demanda energética y de minerales aún robusta en el arranque del XV Plan, que deberá redoblar el esfuerzo descarbonizador: más presión, en el margen, sobre la demanda de cobre, litio y otros insumos de la electrificación en los que la región es proveedora clave.

Las secciones que siguen desagregan este balance en dos planos. Por un lado, los indicadores que constituyen metas del Plan (crecimiento y productividad, empleo e ingresos, innovación e I+D, seguridad alimentaria y eficiencia energética), cuyo desarrollo detallado explica el cómo y el porqué detrás de cada veredicto del tablero. Por otro, un conjunto de dimensiones que no figuran entre los objetivos formales (la deflación y la debilidad del consumo, el ajuste inmobiliario, el desequilibrio del sector externo y el tipo de cambio real) pero que recogen las tensiones estructurales que el tablero oficial no capta y que condicionan tanto la sostenibilidad del modelo como su transmisión a América Latina.

Crecimiento y estructura del PIB

El Producto Interno Bruto de China pasó de 117,4 billones de yuanes en 2021 (unos 18,2 billones de dólares) a 140,2 billones de yuanes en 2025 (unos 19,6 billones de dólares al tipo de cambio promedio del año de 7,14 yuanes por dólar), con un crecimiento real del 5,0% en el último ejercicio. La trayectoria del quinquenio muestra un rebote inicial muy fuerte en 2021 (cercano al 8%), una abrupta desaceleración en 2022 (en torno al 3%) por la política sanitaria, una recuperación en 2023 (5,4%) y dos años de estabilización en el 5,0% (2024 y 2025).

Gráfico 2. PIB y tasa de crecimiento real, 2021-2025
Billones de yuanes y variación real anual en porcentaje.
PIB a precios corrientes en billones de yuanes (barras, eje izquierdo) y crecimiento real anual en porcentaje (línea, eje derecho, equivalente al izquierdo dividido por 16,7). Base: NBS. Cifras de 2025 preliminares.

La lectura intraanual de 2025 confirma la moderación: el PIB creció 5,4% en el primer trimestre, 5,2% en el segundo, 4,8% en el tercero y 4,5% en el cuarto. Es decir, el año terminó con un impulso decreciente. Aun así, el promedio cumplió holgadamente la meta oficial del 5%. El PIB per cápita alcanzó 99.665 yuanes (unos 13.960 dólares; +5,1%) y la productividad laboral general llegó a 184.413 yuanes por persona ocupada (unos 25.830 dólares), con un avance del 6,1%, superior al crecimiento del PIB como preveía el Plan, que refleja la combinación de mayor sofisticación productiva y caída de la población activa.

Tabla 1. PIB, estructura sectorial y productividad, 2021-2025
Niveles anuales. El PIB va a precios corrientes; la estructura sectorial, como participación en el valor agregado. Base: NBS. Cifras de 2025 preliminares.

El dato estructural más relevante del quinquenio es el corrimiento sectorial. La participación del sector primario en el PIB descendió de 7,1% a 6,7%; la del secundario (industria y construcción) cayó con más fuerza, de 38,1% a 35,6%; y la del terciario (servicios) trepó de 54,8% a 57,7%. En 2025, los servicios aportaron el grueso del crecimiento, mientras la industria creció por debajo del promedio y la construcción se contrajo. Es la fotografía de una economía que se terciariza y, dentro de la industria, se vuelca hacia los segmentos de mayor valor agregado.

Gráfico 3. Estructura sectorial del PIB, 2021-2025
Participación de cada sector en el valor agregado, en porcentaje.
Participación de cada sector en el valor agregado total, en porcentaje. Cada año suma 100. Base: NBS.

La desagregación por rama de actividad muestra de dónde salió ese crecimiento. Medido por la variación real acumulada del quinquenio, el PIB avanzó algo más del 30%, equivalente a un promedio de 5,4% anual, pero la dispersión sectorial fue enorme: desde +85,2% en tecnologías de la información y software hasta -1,7% en el sector inmobiliario, la única rama que cerró 2025 por debajo de su nivel de 2020.

Gráfico 4. Valor agregado real por sector de actividad: variación acumulada del quinquenio
Variación real acumulada 2025 respecto de 2020, en porcentaje.
Variación real acumulada de 2025 respecto de 2020, en porcentaje, encadenando las cinco variaciones anuales (cuarto trimestre acumulado) de 2021 a 2025. La barra en oro es el PIB total y la línea punteada marca su nivel, para leer cada rama contra el promedio. Por ese encadenamiento el PIB arroja aquí +30,1%, levemente por encima del +29,8% de las cuentas anuales revisadas. Base: NBS.

Por encima del promedio se ubicaron, casi sin excepción, los servicios: TIC y software (+85,2%), servicios profesionales y de alquiler a empresas (+66,4%), hotelería y restaurantes (+51,8%, con el fuerte rebote de 2021 y 2023 tras la caída de 2022), transporte y almacenamiento (+40,9%) y comercio mayorista y minorista (+39,1%). La manufactura (+30,7%) y la industria en sentido amplio (+30,1%) crecieron apenas en línea con el agregado: sostuvieron el ritmo del PIB, pero no lo lideraron. Por debajo quedaron la agricultura (+26,1%) y, sobre todo, el complejo asociado al crédito y al ladrillo: intermediación financiera (+18,6%), construcción (+13,4%) e inmobiliario (-1,7%).

El gráfico ordena así dos hechos centrales del Plan. El primero es que la terciarización no fue un desplazamiento hacia servicios de baja productividad, sino hacia los segmentos intensivos en conocimiento: información, software y servicios a empresas crecieron entre dos y tres veces más rápido que el PIB, el mismo vector que explica el salto de la productividad laboral. El segundo es que el ajuste inmobiliario no fue un episodio pasajero: acumulado a lo largo de cinco años, dejó al sector inmobiliario estancado y a la construcción creciendo a menos de la mitad del ritmo del producto, con la intermediación financiera arrastrada por esa misma dinámica de menores márgenes y menor demanda de crédito hipotecario. La economía china creció, en definitiva, con motores nuevos y con su motor tradicional apagado.

Para América Latina, la desaceleración suave pero sostenida del crecimiento chino marca el techo de la demanda regional. Un PIB que crece al 5% y desacelerando, con servicios reemplazando a construcción e industria pesada como motor, implica una demanda de commodities que se mantiene elevada en niveles pero pierde dinamismo en el margen. Para los exportadores sudamericanos de productos básicos, el escenario más probable no es una caída de los volúmenes demandados, sino una meseta: China sigue siendo el gran comprador, pero ya no tracciona el crecimiento de las exportaciones regionales como en la década del superciclo.

La terciarización y el avance de los sectores de alta tecnología también reorientan la composición de esa demanda. Crece el peso de insumos asociados a la electrónica, los vehículos eléctricos y las energías limpias (cobre, litio, minerales críticos) frente a los vinculados a la construcción tradicional. Esto favorece relativamente a Chile y Perú (minería metálica) por sobre proveedores cuya canasta depende más del ciclo inmobiliario chino.

Empleo, demografía y mercado de trabajo

El cierre del quinquenio confirma el giro demográfico de China. A fines de 2025 la población totalizó 1.404,89 millones de habitantes, con una caída de 3,39 millones respecto del año anterior. Hubo 7,92 millones de nacimientos (tasa bruta de natalidad de 5,63 por mil) frente a 11,31 millones de defunciones (8,04 por mil), de modo que la tasa de crecimiento natural fue negativa: -2,41 por mil. Es el tercer año consecutivo de contracción poblacional y consolida una tendencia que el XV Plan deberá administrar.

La estructura etaria revela el envejecimiento: la población de 60 años y más alcanzó 323,4 millones de personas (de las cuales 223,7 millones tienen 65 años o más), mientras que el segmento de 0 a 15 años se ubicó en 230,2 millones. En paralelo, la urbanización siguió avanzando: la tasa de residentes urbanos permanentes llegó a 67,89% a fines de 2025, algo más de tres puntos por encima del 64,72% de 2021.

Gráfico 5. Población por grandes grupos de edad, 2025
Millones de personas.
Población residente al 31 de diciembre de 2025, en millones de personas, por grandes grupos de edad. Base: NBS.

El mercado de trabajo se mantuvo estable en el agregado a lo largo del quinquenio. La tasa de desempleo urbano encuestado promedió 5,1% en 2021, trepó a 5,6% en 2022 con la política de "COVID cero" y volvió a estabilizarse en torno al 5,1% y 5,2% entre 2023 y 2025, dentro del techo de 5,5% comprometido en el Plan. La creación de empleo urbano se sostuvo en torno a 12,5 millones de puestos nuevos por año y los trabajadores migrantes crecieron de forma continua, de unos 293 millones en 2021 a 301,15 millones en 2025. Las cifras que cierran el Plan corresponden a fines de 2025: 725,04 millones de ocupados (475,35 millones en zonas urbanas), un total que tiende a reducirse lentamente por la caída de la población en edad de trabajar.

Gráfico 6. Tasa de desempleo urbano encuestado, general y juvenil, 2021-2025
Promedio anual, en porcentaje.
Desempleo urbano encuestado, promedio anual, en porcentaje de la población activa. La serie juvenil abarca a los 16 a 24 años excluidos estudiantes; el dato de 2023 corresponde al promedio de enero a junio, antes de que la serie se suspendiera. Base: NBS.

Detrás de esa estabilidad agregada persiste un problema estructural señalado reiteradamente por las autoridades: el elevado desempleo juvenil calificado. La tasa de los jóvenes de 16 a 24 años (excluidos estudiantes) subió de un promedio de 14,3% en 2021 hasta un máximo de 21,3% a mediados de 2023, lo que llevó a suspender y luego revisar la serie, y se mantuvo elevada, en torno al 16% y 17%, durante 2024 y 2025: más del triple de la tasa general. Esa tensión motivó medidas específicas de estímulo a la contratación de "grupos prioritarios" y programas de subsidios a la formación y el empleo juvenil.3

El envejecimiento y la caída poblacional tienen efectos de mediano plazo sobre la demanda regional. Una población que se reduce y envejece modera el crecimiento del consumo de alimentos en volumen y reorienta la dieta hacia productos de mayor valor (proteínas animales, alimentos procesados, frutas premium), lo que abre oportunidades para exportaciones agroindustriales diferenciadas, como carne, lácteos y frutas finas, más que para los granos básicos en bruto.

Al mismo tiempo, la transición demográfica refuerza el incentivo chino a sostener la productividad mediante automatización y tecnología, profundizando la competitividad de su manufactura. Para América Latina esto significa una presión persistente sobre los sectores industriales locales que compiten con bienes chinos, y un argumento adicional para que países como México busquen coordinar barreras arancelarias con sus socios del T-MEC (Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá).

Precios, deflación y demanda interna

Si hubo un signo distintivo del quinquenio, fue el tránsito desde una inflación moderada hacia una presión deflacionaria persistente. Tras el rebote pospandémico, con los precios al productor (IPP) subiendo 8,1% en 2021 por el salto de las materias primas y un IPC que llegó a 2,0% en 2022, ambos índices se desinflaron con fuerza: el IPP entró en terreno negativo desde 2023 (-3,0%) y siguió cayendo en 2024 y 2025 (-2,1% y -2,6% promedio anual), mientras el IPC se aplanó en torno a cero (0,2% en 2023 y 2024, y prácticamente nulo en 2025).

Gráfico 7. Precios al consumidor y al productor, variación interanual, 2021-2025
Variación interanual promedio anual, en porcentaje.
Variación interanual promedio de cada año, en porcentaje. La línea del cero separa aumentos de caídas de precios. Base: NBS.

La brecha entre un IPC casi plano y un IPP netamente negativo es la marca de una deflación concentrada del lado de la oferta y los márgenes; en 2025, además, los precios de compra de insumos industriales bajaron 3,0% y los de productos agrícolas en origen cayeron 3,7%. Hacia el cierre del año, sin embargo, la deflación mostró señales de moderación: en el último trimestre el IPC volvió a terreno positivo (+0,8% interanual en diciembre) y la caída del IPP se atenuó (-1,9% en diciembre, desde valores más negativos a mitad de año).

Esta deflación no es un fenómeno monetario aislado, sino la expresión de un exceso de capacidad instalada frente a una demanda interna que no termina de recuperarse. Las propias autoridades lo conceptualizaron como "competencia desordenada de precios" (también llamada "involución"): una guerra de precios entre empresas, especialmente en vehículos eléctricos, electrónica y energías limpias, que erosiona márgenes y realimenta la baja de precios. La respuesta de política combinó el estímulo a la demanda (subsidios al consumo, líneas de crédito preferencial, ayudas a familias con hijos, educación preescolar gratuita) con un esfuerzo por ordenar la oferta y frenar la sobreinversión.

Del lado de la demanda, el consumo de los hogares se enfrió de manera sostenida a lo largo del Plan. Las ventas minoristas pasaron del fuerte rebote de 2021 (+12,5%) a una virtual estancación en 2022 (-0,2%, año de los confinamientos), una recuperación parcial en 2023 (+7,2%) y un crecimiento moderado en 2024 y 2025 (+3,5% y +3,7%). El gasto de consumo per cápita real siguió la misma trayectoria descendente: +12,6% en 2021, -0,2% en 2022, +9,0% en 2023, +5,1% en 2024 y +4,4% en 2025. Dentro de la canasta, el gasto en vivienda fue de los más débiles, desacelerándose año a año hasta crecer apenas 2,1% real en 2025. El comercio electrónico de bienes físicos siguió ganando peso, cerca de una cuarta parte de las ventas minoristas, pero el dinamismo general fue moderado y persistió una elevada propensión al ahorro.

La deflación china tiene una doble cara para la región. Por el lado positivo, abarata las importaciones de bienes manufacturados chinos (maquinaria, electrónica, vehículos), lo que mejora los términos de intercambio de los importadores netos y contribuye a contener la inflación interna en varios países. Por el lado negativo, la exportación de capacidad ociosa a precios deprimidos intensifica la competencia para las industrias locales y alimenta tensiones comerciales: el caso más visible del período fue la propuesta mexicana de elevar aranceles hasta 50% sobre autos, acero y textiles, que derivó en una investigación formal del Ministerio de Comercio chino.

La caída de los precios al productor también presiona a la baja los precios internacionales de insumos industriales en los que la región es proveedora, afectando el valor, aunque no necesariamente el volumen, de las exportaciones de hierro, acero y productos químicos. La debilidad del consumo chino, por su parte, limita el potencial de las exportaciones regionales de bienes de consumo de mayor valor agregado, que dependen de un mercado interno chino más vigoroso.

Agricultura, seguridad alimentaria y dependencia de commodities

La seguridad alimentaria fue una prioridad explícita del Plan, y los resultados acompañaron. En 2025 la producción de granos alcanzó un récord de 714,88 millones de toneladas (+1,2%), holgadamente por encima del piso de 650 millones fijado como meta del Plan, encadenando varios años de cosechas crecientes: la serie pasó de 682,85 millones de toneladas en 2021 a 714,88 en 2025. Dentro del agregado, la producción de arroz llegó a 209,04 millones de toneladas (+0,7%), la de trigo se mantuvo estable en 140,07 millones y la de maíz creció 2,1% hasta 301,24 millones. La superficie sembrada con granos se amplió levemente, hasta 119,41 millones de hectáreas.

La producción ganadera también avanzó. La producción de carne de cerdo, vacuna, ovina y aviar totalizó 100,72 millones de toneladas (+4,2%), con la carne vacuna creciendo 2,8% hasta 8,01 millones de toneladas y la porcina 4,1%. Este dinamismo de la demanda de proteínas animales, ligado a la mejora del ingreso y al cambio de dieta, sostiene a su vez la demanda de alimento balanceado, y por esa vía refuerza la demanda de granos forrajeros y de la propia soja, principal insumo proteico de la producción animal china.

El contraste con esa autosuficiencia en varios granos y carnes es la dependencia estructural de China en otros commodities, y allí reside su vínculo más profundo con América Latina. El caso extremo es la soja: China produjo apenas 20,91 millones de toneladas en 2025 (+1,3%) pero importó 111,83 millones (+6,5%), más de cinco toneladas ingresadas por cada una producida, una brecha que la política de autosuficiencia en granos básicos no logra cerrar. El mismo patrón se repite en la energía y los metales: las importaciones de petróleo crudo alcanzaron 577,73 millones de toneladas (+4,4%) y las de mineral de hierro, 1.258,71 millones (+1,8%).

Gráfico 8. Dependencia importadora de China en commodities clave para América Latina, 2025
Participación estimada de las importaciones en el consumo aparente, en porcentaje.
0%50%100%
Participación estimada de las importaciones en el consumo aparente de cada commodity; el resto hasta 100% corresponde a producción nacional. Base: NBS para soja, carne y maíz; Aduana de China y estimaciones sectoriales para petróleo, mineral de hierro y cobre.

La dependencia es máxima en la soja (en torno al 84%), el mineral de hierro y el cobre (cerca del 80%) y el petróleo crudo (alrededor del 74%), todos bienes en los que la región es proveedor de primer orden: Argentina y Brasil en soja; Brasil también en hierro y petróleo; Chile y Perú en cobre; el Mercosur en carne. Y es prácticamente nula en el maíz, donde China alcanzó la autosuficiencia y las importaciones se desplomaron en 2025. La región abastece así los faltantes estructurales de la economía china, proteínas, energía y metales, lo que le confiere un peso central como proveedora, pero también la expone a las decisiones de Beijing sobre diversificación de orígenes y metas de autoabastecimiento.

Ese aprovisionamiento de los faltantes chinos es el canal más directo y de mayor magnitud por el que el desempeño de China impacta en la región. Para los países involucrados, la demanda china es una fuente central de divisas y de recaudación fiscal, pero también una exposición elevada: la concentración de las ventas en unos pocos commodities primarios profundiza la reprimarización de la canasta exportadora regional y ata las cuentas externas y fiscales al ciclo de precios y a las decisiones de compra de un comprador dominante, como ilustran el giro chino hacia la soja estadounidense, que se describe a continuación, y el cierre de las importaciones de maíz ya señalado.

La relación agroalimentaria tampoco se limita al intercambio comercial. A partir del estudio de inversiones chinas en Brasil y Argentina, Guo (2016, pp. 137, 146 y 149)4 muestra que las estrategias de abastecimiento han incluido la compra o el arrendamiento de tierras, la adquisición de empresas y activos y la integración de los eslabones de producción, logística y procesamiento. La viabilidad de esas inversiones no depende únicamente de la demanda china, sino también de su adaptación al marco institucional del país receptor, del respeto de los derechos sobre la tierra y de la adopción de principios de inversión agrícola responsable.

El principal riesgo del período es geopolítico. Tras la cumbre entre Xi Jinping y Donald Trump, la tregua comercial incluyó el compromiso chino de reanudar las compras de soja estadounidense, unos 12 millones de toneladas en el tramo final de 2025 y al menos 25 millones anuales entre 2026 y 2028, lo que amenaza con erosionar la participación de mercado que Brasil y Argentina habían ganado durante la guerra comercial, cuando China llegó a frenar por completo sus compras de poroto estadounidense.5

Transformación industrial, tecnología y nuevas fuerzas productivas

El corazón del XIV Plan fue la apuesta por las nuevas fuerzas productivas de calidad.6 A lo largo del quinquenio, el valor agregado manufacturero acumuló un crecimiento cercano al 30% en términos reales: tras el freno de 2022 (+1,2%, por la política de "COVID cero"), se recuperó hasta crecer 5,8% en 2024 y 6,1% en 2025, siempre por encima del promedio de la economía.

Gráfico 9. Valor agregado real de la industria, la manufactura y la construcción, 2020-2025
Índice de nivel, base 2020 = 100.
Índice de nivel construido encadenando las variaciones interanuales reales acumuladas de cada año sobre una base 2020 = 100. Base: NBS.

El dinamismo se concentró, año tras año, en los segmentos de mayor contenido tecnológico. Hacia el cierre del Plan (2025), la fabricación de equipos aumentó 9,2% y pasó a representar el 36,8% de la industria por encima del tamaño designado; la manufactura de alta tecnología creció 9,4% (17,1% del total) y la de productos digitales, 9,3%. La producción de robots de servicio llegó a 18,6 millones de unidades (+16,1%) y la de vehículos de nueva energía a 16,5 millones (+25,1%).

La desagregación por ramas confirma el patrón de "dos velocidades" dentro de la industria a lo largo de todo el quinquenio; el anexo estadístico reúne las 41 ramas con su detalle 2021-2025. Medido por la variación real acumulada del período, el crecimiento se concentró en la manufactura de equipos y de alta tecnología: maquinaria y equipos eléctricos (+69%), computadoras, comunicaciones y electrónica (+59%), automóviles (+54%) y ferrocarriles, embarcaciones y equipo aeroespacial (+50%). En el extremo opuesto, las ramas intensivas en mano de obra se estancaron o retrocedieron: cuero y calzado (+2% acumulado), confección de prendas de vestir (-4%) y muebles (-8%). El sesgo se mantuvo hasta el cierre: en 2025, esas ramas de equipo volvieron a liderar (ferrocarril, naval y aeroespacial +14,0%; automóviles +11,5%; computadoras y electrónica +10,6%; maquinaria eléctrica +9,2%), mientras muebles (-6,5%), prendas de vestir (-3,0%) y cuero (-2,0%) siguieron cayendo. Esta reconfiguración fue acompañada por una caída sostenida de la utilización de la capacidad instalada, que descendió de 77,5% en 2021 a 74,4% en 2025, reflejo del exceso de oferta que alimenta la "competencia desordenada de precios", con los mayores niveles de uso en la metalurgia ferrosa y la extracción de petróleo y gas, y los menores en la minería del carbón y la química básica.

La inversión en investigación y desarrollo acompañó esta estrategia: el gasto en I+D alcanzó 3,93 billones de yuanes en 2025 (unos 550.000 millones de dólares; +8,1%), por encima del 7% anual previsto por el Plan y equivalente al 2,8% del PIB, frente a un nivel de 2,80 billones (unos 434.000 millones de dólares, cerca del 2,4% del PIB) en 2021. La investigación básica creció 11,1%. El quinquenio dejó hitos científico-tecnológicos de alto perfil: 92 lanzamientos espaciales (50 comerciales), la misión Tianwen-2 de retorno de muestras de asteroide, cohetes reutilizables, el portaaviones Fujian con catapulta electromagnética, el prototipo de computación cuántica Zuchongzhi-3, el "sol artificial" que sostuvo plasma a 100 millones de grados durante 1.000 segundos y, con enorme repercusión global, el modelo de inteligencia artificial DeepSeek. El Plan se cierra con la iniciativa "AI Plus", que fija metas de penetración de la IA superiores al 70% para 2027 y al 90% para 2030.

El salto tecnológico chino es, simultáneamente, una oportunidad y una amenaza para la región. Como oportunidad, abre acceso a bienes de capital, electrónica y, sobre todo, tecnología verde y de electromovilidad a precios competitivos, que pueden acelerar la transición energética y la modernización del transporte. El período reciente ofrece ejemplos concretos: la inauguración de la planta de vehículos eléctricos de BYD en Bahía (Brasil), la mayor de la compañía fuera de Asia, el desembarco de BYD y la importación de colectivos eléctricos de King Long en Argentina, y la planta de Great Wall Motors en São Paulo.

Como amenaza, la competitividad de la manufactura china desplaza a la industria regional en bienes de complejidad media (autos, acero, textiles, electrónica) y dificulta cualquier estrategia de escalamiento industrial basada en mercado interno. La región enfrenta así el dilema clásico de su relación con China: capturar los beneficios del acceso a tecnología y bienes baratos sin profundizar la reprimarización de su estructura exportadora. La creciente demanda china de minerales críticos para esta industria (litio, cobre, cobalto) refuerza ese sesgo, como ilustra el interés chino en el litio chileno y argentino.

Inversión, infraestructura y el ajuste inmobiliario

La inversión fue el punto más débil del Plan. La inversión total en activos fijos se desaceleró de forma continua, de crecimientos en torno al 5% en 2021-2022 a +3% en 2023-2024 y una caída de 3,9% en 2025, arrastrada por el ajuste profundo y prolongado del sector inmobiliario. Medida como índice de nivel, la inversión inmobiliaria acumuló una caída cercana al 35% respecto de 2020, encadenando cuatro años consecutivos de contracción (con desplomes de 17,2% en el desarrollo inmobiliario y 16,3% en la residencial en 2025). En contraste, la inversión manufacturera creció de manera sostenida, acumulando alrededor de +45% desde 2020, mientras la inversión privada quedó prácticamente estancada en el nivel de 2020.

Gráfico 10. Inversión en activos fijos por componente, 2020-2025
Índice de nivel, base 2020 = 100.
Índice de nivel construido encadenando las variaciones interanuales acumuladas de cada componente sobre una base 2020 = 100. Base: NBS.

En 2025, la inversión en infraestructura (-2,2%) y la inversión privada (-6,4%) también se contrajeron, mientras la inversión social retrocedió 8,5%. El único segmento que sostuvo cierto dinamismo fue la inversión en compra de equipos e instrumentos (+11,8%), coherente con la apuesta por la modernización del capital industrial. Por sectores, la inversión se concentró cada vez más en la industria manufacturera de alta tecnología y se alejó del ladrillo: la participación del sector terciario en la inversión (excluidos hogares rurales) llegó al 61,5%, frente a 36,6% del secundario y apenas 2,0% del primario.

El sector de la construcción, que durante décadas fue un motor central del crecimiento, registró en 2025 una caída del valor agregado del 1,1%, el peor desempeño sectorial del año. La crisis inmobiliaria no es solo un problema de inversión: erosiona la riqueza de los hogares (con efecto sobre el consumo), comprime los ingresos fiscales de los gobiernos locales, históricamente dependientes de la venta de suelo, y deprime la demanda de los insumos pesados asociados a la edificación.

El ajuste inmobiliario chino es el principal factor de riesgo bajista para los exportadores regionales de insumos de construcción. La menor demanda de acero presiona los precios del mineral de hierro, afectando especialmente a Brasil, mientras que la caída de la edificación impacta sobre la demanda de maderas y pulpa, relevante para Chile. La debilidad de la construcción también limita el consumo chino de metales básicos en general, moderando los precios internacionales que sostienen la balanza comercial y la recaudación fiscal de varios países.

En contrapartida, el redireccionamiento de la inversión china hacia infraestructura tecnológica, energía y manufactura avanzada, y su proyección externa a través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, abre oportunidades de financiamiento e infraestructura para la región: líneas de crédito del Banco de Desarrollo de China, proyectos ferroviarios y portuarios, y parques de energías renovables. El megapuerto de Chancay en Perú, las discusiones por un centro de fabricación de trenes en Chile o las líneas de transmisión de ultra-alta tensión de State Grid en Brasil son expresiones de este desplazamiento del capital chino hacia la infraestructura regional.

La proyección externa del capital chino no debe evaluarse únicamente por los montos anunciados o por la capacidad productiva instalada. La trayectoria de Shougang Hierro Perú analizada por Guo (2015, pp. 65 y 73)7 muestra que el cumplimiento de los compromisos de inversión, las relaciones laborales y comunitarias y una política de responsabilidad social planificada, y no meramente reactiva, condicionan la sostenibilidad y la legitimidad local de los proyectos extractivos. Esta experiencia histórica aconseja distinguir entre el anuncio, la ejecución material y el arraigo social de las inversiones chinas en la región.

Energía y transición verde

La transición energética fue uno de los logros más nítidos del quinquenio. En 2025 las emisiones de dióxido de carbono por cada 10.000 yuanes de PIB cayeron 5,0% y la participación de la energía limpia en el consumo total de energía llegó al 30,4%, frente al 25,5% de 2021. La generación eléctrica a partir de fuentes limpias (hidráulica, nuclear, eólica y solar) alcanzó 4.248 mil millones de kWh, con un alza del 14,4%.

Gráfico 11. Participación de la energía limpia en el consumo total, 2021-2025
Porcentaje del consumo total de energía.
Participación, en porcentaje, de la energía limpia (gas natural, hidroelectricidad, nuclear, eólica y solar) en el consumo total de energía. Base: NBS.

La expansión de la capacidad instalada renovable fue espectacular. La potencia eléctrica total llegó a 3.891 millones de kW (+16,1%), con la capacidad eólica creciendo 22,9% y la solar 35,4%, muy por encima de la térmica (+6,3%). La participación del carbón en el consumo energético descendió al 51,4%, 1,8 puntos menos en el año, reflejo del avance firme hacia los objetivos de "doble carbono" (pico de emisiones y neutralidad). La contracara fue la fuerte caída de la utilización de capacidad en la minería de carbón (68,9%), una transición que el propio gobierno reconoce como estructural e irreversible.

Este despliegue, sin embargo, convive con el principal incumplimiento del Plan. Como se señaló al analizar las metas, los dos objetivos ambientales obligatorios, reducir la intensidad energética (-13,5%) y la de emisiones de CO₂ (-18%) por unidad de PIB, quedaron por debajo de lo comprometido. Conviene además no confundir escalas: el -5,0% de intensidad de carbono de 2025 es una caída anual, no comparable con esos objetivos acumulados del quinquenio. La lectura de conjunto es que China lideró como nunca la instalación de capacidad limpia en términos absolutos, pero su economía todavía no consume energía ni emite carbono con la eficiencia que se había propuesto: el grueso del esfuerzo descarbonizador queda transferido al XV Plan.

El otro pilar fue la electromovilidad. La producción de vehículos de nueva energía trepó a 16,5 millones de unidades (+25,1%) y el parque total alcanzó 43,97 millones a fines de 2025, con un incremento de 12,57 millones en el año. China consolidó así su liderazgo global en toda la cadena de la electromovilidad y las energías limpias, desde el procesamiento de minerales críticos hasta la fabricación de baterías, paneles solares y vehículos.

La transición verde china es probablemente el canal de mayor potencial estructural para la región. El despliegue masivo de baterías, paneles y vehículos eléctricos sostiene una demanda creciente de litio, cobre y otros minerales críticos, posicionando a Chile, Perú, Argentina y Bolivia como proveedores estratégicos. Las negociaciones recientes lo confirman: la aprobación por la autoridad antimonopolio china de la alianza Codelco-SQM para el Salar de Atacama, con un volumen anual garantizado de 125.000 toneladas de litio para abastecer la demanda china, o los acuerdos de La Rioja con entidades de Shenzhen para explorar cobre y cobalto.

Al mismo tiempo, la inversión china en energías renovables se expande en la región, como muestra el interés de Sungrow y Yingli Solar en proyectos fotovoltaicos en Perú, ofreciendo financiamiento y tecnología para la transición energética local. El riesgo, nuevamente, es el de una integración asimétrica: la región provee la materia prima y compra el producto final manufacturado en China, capturando una porción menor de la cadena de valor de la transición.

Sector externo: saldos comerciales, reorientación geográfica y posición financiera

El sector externo fue el gran sostén del crecimiento en el cierre del Plan. Medido en dólares por la Aduana General de China, el comercio de bienes muestra dos trayectorias divergentes: las exportaciones crecieron de 3.364 a 3.772 miles de millones de USD entre 2021 y 2025 (+12,1%), con una caída en 2023 y recuperación posterior, mientras las importaciones terminaron el quinquenio por debajo de su punto de partida (de 2.688 a 2.583 miles de millones, -3,9%).

Gráfico 12. Comercio exterior de bienes de China, 2021-2025
Miles de millones de dólares.
Exportaciones e importaciones de bienes (barras, eje izquierdo) y saldo comercial (línea, eje derecho, equivalente al izquierdo dividido por 2,8), en miles de millones de dólares. El saldo es exportaciones menos importaciones. Base: Aduana General de China, acumulado de enero a diciembre de cada año.

El resultado es un superávit comercial de bienes récord de 1,19 billones de USD en 2025, un 76% mayor que el de 2021. Ese salto no se explica por un auge exportador excepcional, ya que el intercambio total apenas creció 5,0% en el quinquenio y en 2025 superó el máximo de 2022 por un margen mínimo (0,7%), sino por una demanda interna que dejó de traccionar importaciones: los 408.000 millones que sumaron las ventas al exterior se tradujeron íntegramente en superávit, ampliado además por los 105.000 millones en que cayeron las compras. El comercio exterior chino creció, en definitiva, sólo por el lado de la oferta.

Abierto por destino, el saldo comercial revela dónde se generó realmente ese superávit; el detalle numérico, con las variaciones interanuales de cada flujo y el agregado mundial, se presenta en el anexo estadístico. No creció donde suele suponerse: con Estados Unidos se redujo de 397.000 a 280.000 millones, mientras se amplió con la ASEAN (de 89.000 a 276.000 millones, más que triplicándose), con la Unión Europea (de 208.000 a 292.000 millones) y con África (de 42.400 a 102.000 millones, más que duplicándose). El caso de América Latina es el más revelador para la región: China pasó de un comercio prácticamente equilibrado, un superávit de apenas 6.400 millones en 2021 y de 1.100 millones en 2023, a un superávit de 45.800 millones en 2025, siete veces el de inicio del quinquenio.

Gráfico 13. Comercio de bienes de China por destino, 2021-2025
Miles de millones de dólares. Escala libre por destino.
Exportaciones de China hacia arriba del cero e importaciones hacia abajo, con el saldo como línea, en miles de millones de dólares. El saldo es exportaciones menos importaciones. Cada panel usa su propia escala, por lo que las alturas no son comparables entre destinos. El agregado mundial está en el gráfico anterior. Base: Aduana General de China.

El gráfico siguiente descompone el saldo total por región. En 2021 Estados Unidos representaba el 59% del saldo, Europa (la Unión Europea y el Reino Unido) el 40%, la ASEAN el 13% y América Latina el 1%, mientras el conjunto de socios ajenos a esas regiones restaba un 19%.8 En 2025 Europa reúne el 30,1%, Estados Unidos el 23,6% y la ASEAN el 23,2%; África pasa del 6% al 9%, América Latina del 1% al 4%, y el resto del mundo, de restar un 19% a aportar un 11%. Del incremento del saldo entre 2021 y 2025, el 50% corresponde al resto del mundo, el 36% a la ASEAN, el 17% a Europa, el 12% a África y el 8% a América Latina; Estados Unidos registra una contribución negativa equivalente al 23%.

Gráfico 14. Saldo comercial de bienes de China por región, 2020-2025
Miles de millones de dólares.
Saldo de bienes por región, en miles de millones de dólares; positivo indica superávit de China. Las cinco regiones no se solapan: "Europa" agrega la Unión Europea y el Reino Unido, y "Otros" es el residuo respecto del total mundial e incluye Hong Kong. Los saldos negativos se apilan por debajo del cero, de modo que la línea del total equivale al área positiva menos la negativa. Base: Aduana General de China.

Detrás de esos saldos hay un movimiento de fondo: el rasgo geopolítico más marcado del quinquenio en materia comercial fue la recomposición de los socios comerciales de China, acelerada por la guerra comercial con Estados Unidos.

La composición geográfica muestra el reacomodamiento provocado por la disputa con Estados Unidos, que se profundizó a lo largo del Plan. En 2025 las exportaciones hacia Estados Unidos cayeron con fuerza (retrocedieron cerca de 20% en el año), mientras ganaron peso la ASEAN, la Unión Europea y los países de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, que hacia el cierre del quinquenio ya concentraban el 51,9% del comercio total chino. El comercio de servicios sumó 8,1 billones de yuanes en 2025 (unos 1,13 billones de dólares; +7,4%), con un superávit internacional total (bienes y servicios) que creció más del 30% interanual.

Esa recomposición esconde dos trayectorias opuestas. Las exportaciones a Estados Unidos se estancaron en 2022 (+1,2%), cayeron 13,1% en 2023 y se desplomaron 20,0% en 2025, hasta 420.000 millones de dólares: más de 160.000 millones por debajo de su pico de 2022. En sentido contrario, las ventas a África (+25,8% en 2025, el destino más dinámico del año), la ASEAN (+13,4%), la Unión Europea (+8,4%) y América Latina (+7,4%) sostuvieron el crecimiento, de modo que la ASEAN se consolidó como el principal destino individual, 665.000 millones frente a 420.000 de Estados Unidos, posición que al inicio del Plan ocupaba Estados Unidos. Encadenando las variaciones interanuales del anexo, las exportaciones chinas a América Latina casi se duplicaron respecto de 2020. Del lado de las importaciones, las compras a Estados Unidos también se contrajeron con fuerza (-14,6% en 2025), mientras las provenientes de América Latina siguieron creciendo (+4,3%), reflejo de la demanda sostenida de commodities.

Para América Latina la lectura tiene dos caras. Como destino de las exportaciones chinas, la región absorbe cada vez más manufacturas (las ventas de China a la región crecieron 13,0% en 2024 y 7,4% en 2025), lo que intensifica la competencia sobre las industrias locales. Como origen de las importaciones chinas, la región sostuvo un crecimiento moderado pero positivo (+4,3% en 2025), apoyado en la demanda de minerales y alimentos. Que China le venda a la región más rápido de lo que le compra, y que su superávit regional se haya multiplicado por siete, explica el deterioro de los saldos bilaterales de los países que no exportan commodities y confirma, a la vez, que América Latina fue uno de los ganadores relativos del desvío de comercio provocado por el conflicto sino-estadounidense: ganó participación como destino y como proveedor a medida que Estados Unidos perdía peso en ambos flujos.

Mirado en perspectiva quinquenal, el comercio bilateral con América Latina muestra patrones estructurales muy distintos por país. Brasil sostiene un superávit amplio y creciente con China, del orden de 35.000 a 48.000 millones de dólares anuales, impulsado por la soja, el mineral de hierro y el petróleo. Chile y Perú mantienen superávits sólidos apoyados en el cobre y el litio: los de Chile se ampliaron de unos 9.000 a 16.000 y 18.000 millones y los de Perú oscilaron en torno a 5.000 y 10.000 millones. En el extremo opuesto, México acumula un déficit estructural que se amplió hasta superar los 120.000 millones de dólares en 2025, reflejo directo de la penetración de manufacturas chinas, y Argentina mantiene un déficit persistente de entre 5.000 y 9.500 millones.

Gráfico 15. Comercio de bienes con China por país, 2021-2025
Miles de millones de dólares, perspectiva del país. Escala libre por país.
Exportaciones a China hacia arriba del cero e importaciones desde China hacia abajo, con el saldo como línea, en miles de millones de dólares desde la perspectiva de cada país. El saldo es exportaciones menos importaciones. Cada panel usa su propia escala, por lo que las alturas no son comparables entre países. Importaciones y algunos años son estimados. Base: fuentes nacionales de comercio (INDEC, MDIC/COMEXSTAT, Aduanas de Chile, Secretaría de Economía de México, SUNAT) y OEC/UN Comtrade.

La divisoria es nítida: los proveedores de commodities registran superávits con China; los países que compiten con su manufactura, déficits crecientes. Al desagregar exportaciones e importaciones, el gráfico revela además la naturaleza de cada vínculo: Brasil combina exportaciones e importaciones elevadas (comercio bidireccional intenso), Chile y Perú exportan bastante más de lo que importan, mientras México casi no exporta a China y su déficit se explica por un volumen de importaciones que no deja de crecer.

Estos saldos comerciales heterogéneos reproducen un patrón de larga duración. Guo (2014, pp. 164-167)9 ya señalaba que las exportaciones latinoamericanas hacia China se concentraban en una canasta reducida de recursos naturales, mientras que las exportaciones chinas hacia la región eran más diversificadas y contenían una proporción mayor de bienes industriales y de capital. Esa complementariedad, basada en ventajas comparativas estáticas, genera importantes ingresos para los países proveedores, pero también puede limitar la diversificación productiva, profundizar la especialización primaria e intensificar la competencia sobre las manufacturas locales.

El superávit comercial chino récord, alimentado por una oferta competitiva y una demanda interna débil, se traduce para América Latina en una doble presión: mayor competencia de importaciones chinas en sus mercados internos y de terceros, y un reordenamiento de los flujos comerciales globales por el conflicto con Estados Unidos, cuyo efecto más directo sobre la región, la reanudación de las compras chinas de soja estadounidense, se analizó en la sección de agricultura.

Los flujos de inversión, en cambio, mostraron debilidad en el tramo final del Plan. En 2025 la inversión extranjera directa efectivamente utilizada cayó 9,5% (aunque el número de nuevas empresas de capital extranjero creció 19,1% y la IED en alta tecnología aumentó), mientras la inversión directa no financiera de China en el exterior creció apenas 1,6%, con un alza del 18,0% en la dirigida a países de la Franja y la Ruta. Las reservas internacionales, por su parte, se mantuvieron sólidas durante todo el quinquenio, oscilando entre 3,1 y 3,4 billones de dólares y cerrando 2025 en 3.358 mil millones (155.500 millones más en el año); el yuan se depreció apenas 0,3% promedio frente al dólar en 2025, aunque en términos reales multilaterales acumuló una depreciación mucho mayor.

Esa debilidad de la IED efectivamente utilizada contrasta con la intensa actividad de proyectos anunciados en la región, lo que sugiere que la inversión china se reorienta geográficamente hacia los socios de la Franja y la Ruta, entre ellos varios países latinoamericanos.

El canal cambiario: el yuan y la competitividad regional

La relativa estabilidad nominal del yuan (depreciación promedio de apenas 0,3% frente al dólar en 2025) esconde un movimiento de fondo mucho más relevante en términos reales y multilaterales. A lo largo del quinquenio, el tipo de cambio real efectivo multilateral (TCRM)10 del yuan se depreció alrededor de 14% entre 2021 y 2025, reflejo de la deflación interna y de una política monetaria más laxa. Esa depreciación real es la contracara cambiaria de la competitividad exportadora china: opera en la misma dirección que la baja de precios y refuerza la presión sobre las manufacturas de la región.

Gráfico 16. Tipo de cambio real efectivo, China y países de América Latina, 2020-2025
Índice, promedio anual, base 2020 = 100.
Tipo de cambio real efectivo, medida real amplia, promedio anual con base 2020 = 100. Una suba indica apreciación real y por lo tanto pérdida de competitividad-precio. Base: BIS, Effective Exchange Rate Indices.

La contracara regional fue una apreciación real generalizada. Medidas por su promedio anual, las monedas de Argentina (+33%), Perú (+23%), México (+21%) y Brasil (+13%) se apreciaron en términos reales frente a sus canastas de socios entre 2021 y 2025, mientras que el peso chileno se mantuvo prácticamente estable. Es decir: mientras el yuan ganó competitividad-precio, la mayor parte de la región la perdió, un movimiento que abarata las importaciones chinas y tiende a profundizar los déficits bilaterales.

Gráfico 17. Variación real acumulada del tipo de cambio efectivo, 2025 respecto de 2021
Variación en porcentaje.
Variación del tipo de cambio real efectivo, en porcentaje, entre los promedios anuales de 2021 y 2025. A la derecha del cero, apreciación real, es decir pérdida de competitividad-precio; a la izquierda, depreciación real. China aparece destacada como referencia. Base: BIS.

El caso argentino ilustra la complejidad de estas mediciones. La serie del BIS muestra que el peso fue, con +32,7%, la moneda que más se apreció en términos reales de la región durante el quinquenio: su índice sube de manera sostenida hasta el máximo de la serie en 2025 (131,6 en 2024 y 136,6 en 2025), reflejo de una inflación muy alta combinada con un tipo de cambio que corrió por detrás de los precios. El único episodio de depreciación real relevante fue la devaluación de fines de 2023, que mejoró transitoriamente la competitividad exportadora agroindustrial a comienzos de 2024; pero esa ganancia se erosionó a medida que la inflación volvió a superar el ritmo del esquema de microdevaluaciones (crawling peg), y el peso terminó el Plan nuevamente apreciado y caro en dólares. Así, a diferencia de una devaluación duradera, la mejora competitiva resultó efímera y la coyuntura terminó convergiendo con la tendencia de mediano plazo a la apreciación. Chile, por su parte, es un caso de estabilidad real, con efectos acotados dado que su comercio depende más de los precios del cobre que del tipo de cambio.

Este reordenamiento de competitividades relativas tiene consecuencias concretas: los países con monedas más depreciadas ganan terreno en la competencia por colocar productos en el mercado chino y en terceros mercados, mientras que aquellos con monedas apreciadas enfrentan mayores desafíos exportadores y una mayor penetración de importaciones chinas. La apreciación abarata los bienes chinos, lo que puede profundizar los déficits bilaterales de los países apreciados frente a China.

El canal cambiario opera como un amplificador de los efectos comerciales descriptos. La depreciación real del yuan potencia la competitividad de las manufacturas chinas justamente cuando la mayor parte de las monedas de la región se apreció, ampliando la brecha; pero la heterogeneidad de las políticas cambiarias internas determina ganadores y perdedores. Argentina condensa esa heterogeneidad: la devaluación de 2023 le abrió una ventana de competitividad que la inflación erosionó con rapidez, de modo que cerró el quinquenio como la moneda más apreciada de la región, con su perfil exportador resentido aunque con importaciones de bienes de capital chinos más baratas.

Para los países apreciados (Argentina, Brasil, México, Perú), el riesgo es una mayor penetración de importaciones chinas que tensiona a sus industrias. México, con su moneda apreciada pero sostenido por el nearshoring y la integración con Estados Unidos, ilustra cómo la inserción geopolítica puede compensar el efecto cambiario. En conjunto, el seguimiento del tipo de cambio real multilateral se vuelve un indicador clave para anticipar la evolución de los saldos bilaterales con China.

Síntesis y perspectivas: del XIV al XV Plan Quinquenal

El balance del XIV Plan Quinquenal deja una economía china transformada. China cumplió su meta de crecimiento del 5%, sostuvo la creación de empleo y consolidó un perfil productivo más sofisticado, liderando globalmente en manufactura de alta tecnología, electromovilidad y energías limpias. Pero lo hizo apoyándose cada vez más en la demanda externa, en un contexto de tres tensiones no resueltas: la deflación y la "competencia desordenada de precios", el ajuste inmobiliario y la debilidad del consumo, y el giro demográfico hacia una población que se reduce y envejece.

Gráfico 18. Trayectoria de indicadores clave del quinquenio
Índice, base 2021 = 100.
Cada serie se expresa como índice con base 2021 = 100, de modo que las trayectorias sean comparables entre sí más allá de sus unidades originales. Base: NBS.

El XV Plan Quinquenal (2026-2030), delineado en el Pleno del Comité Central, hereda y busca administrar estas tensiones. Sus ejes, autosuficiencia tecnológica en sectores estratégicos (semiconductores, IA, energías limpias),11 digitalización productiva, impulso del consumo interno y transición hacia un desarrollo más verde y equilibrado, son una continuidad de la apuesta del ciclo anterior. La iniciativa "AI Plus" y la "Visa K" señalan la voluntad de convertir a la economía inteligente en el nuevo motor del desarrollo. El éxito dependerá, en buena medida, de la capacidad de reactivar el consumo y derrotar la deflación sin recaer en sobreinversión.

Para América Latina, el balance del quinquenio y la transición al nuevo Plan dibujan un mapa de tendencias relativamente claro. En el plano comercial, la región puede esperar una demanda china de commodities sostenida pero sin el dinamismo del superciclo, con un sesgo creciente hacia los minerales de la transición energética (litio, cobre) y los alimentos premium, en detrimento de los insumos ligados a la construcción.1213 En el plano competitivo, la presión de las manufacturas chinas se intensificará, alimentando tensiones comerciales y decisiones de política como las barreras arancelarias mexicanas.

En el plano financiero y de inversión, la región seguirá siendo destino de capital chino orientado a infraestructura, energía y minería, en el marco de la Franja y la Ruta,141516 con un uso creciente del renminbi y mecanismos de financiamiento alternativos al sistema occidental. Y en el plano geopolítico, la profundización del vínculo se dará bajo la atenta mirada de Estados Unidos, que ha endurecido su discurso frente al avance chino en el hemisferio, convirtiendo a varios países de la región en escenario de la competencia entre las dos potencias.17

La conclusión analítica es que la relación China y América Latina ingresa en una fase de mayor complejidad y diferenciación. El desempeño chino ya no impacta de manera homogénea: beneficia a los proveedores de minerales de la transición, presiona a las industrias de complejidad media, y premia o castiga a cada país según su política cambiaria, en un vínculo crecientemente atravesado por la competencia geopolítica entre China y Estados Unidos. Monitorear estos canales, comercial, de precios de commodities, cambiario, de inversión directa y geopolítico, de manera integrada es la tarea que el nuevo ciclo impone a los observatorios de la región.

Anexo estadístico

El presente anexo reúne los indicadores seleccionados de la economía china, el detalle del comercio de China por destino y la variación del valor agregado por rama industrial.

Nota metodológica
Fuentes
Comunicado Estadístico de la Oficina Nacional de Estadísticas de China del 28 de febrero de 2026 y series anuales de la misma oficina. Comercio exterior, Aduana General de China. Tipos de cambio, Banco de Pagos Internacionales.
Cobertura
China continental. No incluye Hong Kong, Macao ni Taiwán.
Período
Serie anual 2021-2025, con cifras de 2025 preliminares. Cuando se describe la coyuntura de cierre se usa el cuarto trimestre o el mes de diciembre de 2025 calculado sobre los datos oficiales, no sobre los informes trimestrales.
Conversiones
Las equivalencias en dólares que acompañan entre paréntesis a los montos en yuanes son cálculo propio al tipo de cambio nominal promedio del año de cada monto: 6,45 yuanes por dólar en 2021 y 7,14 en 2025. Al tratarse de conversiones a tipo de cambio de mercado, comparar dos años mezcla la evolución en moneda local con la del tipo de cambio, de modo que no equivalen a una medición en paridad de poder adquisitivo.
Redondeo
Los subtotales pueden no sumar el agregado. Las variaciones porcentuales son las de la fuente oficial y pueden diferir levemente de las que surgen de los niveles anuales redondeados de las tablas.
Marco de análisis
Las implicancias para América Latina siguen el marco del Observatorio, que articula cinco canales de transmisión: comercial, de precios de commodities, cambiario, de inversión directa y geopolítico.
Lectura de los gráficos
Los valores exactos aparecen al pasar el cursor sobre cada gráfico; en pantallas táctiles, al tocarlo.
Tabla 2. Indicadores seleccionados de la economía china, 2021-2025
Niveles anuales de cada indicador en la unidad que se indica entre paréntesis. Base: NBS, Comunicado Estadístico 2025. Cifras de 2025 preliminares.
Tabla 3. Comercio de bienes de China por destino, 2021-2025

La tabla se desplaza en sentido horizontal si no entra en el ancho de la pantalla.

Nivel en miles de millones de dólares y, entre paréntesis, variación interanual en porcentaje. La Unión Europea, la ASEAN, América Latina y África son agregados que publica la propia aduana china: se solapan entre sí y con los países individuales, de modo que no deben sumarse. Base: Aduana General de China, acumulado de enero a diciembre.
Tabla 4. Valor agregado industrial por rama, 2021-2025

La tabla se desplaza en sentido horizontal si no entra en el ancho de la pantalla.

Variación interanual acumulada de cada año y variación real compuesta del quinquenio, en porcentaje, para la industria por encima del tamaño designado. Ordenada por la variación compuesta 2021-2025. Base: NBS, acumulado de diciembre de cada año.

Notas

  1. Salvo indicación contraria, los datos de China provienen del Comunicado Estadístico de la RPC sobre el Desarrollo Económico y Social Nacional de 2025, NBS, 28 de febrero de 2026. Las cifras de 2025 son preliminares. Por redondeo, los subtotales pueden no sumar el agregado. Las variaciones porcentuales corresponden a las fuentes oficiales y pueden diferir levemente de las calculadas sobre los niveles anuales redondeados de las tablas.
  2. El XIV Plan Quinquenal abarca el período 2021-2025. El XV Plan Quinquenal (2026-2030) fue delineado en el Pleno del Comité Central del PCCh celebrado en 2025.
  3. Infobae, "China presenta un plan de fomento del empleo centrado en los jóvenes" (26/4/2023). Ver nota.
  4. Guo, Jie (郭洁) (2016). "中国企业在拉美的农业投资——案例与评析" [La inversión agrícola de las empresas chinas en América Latina: casos y evaluación], China International Strategy Review, pp. 136-149.
  5. Casa Blanca, Fact Sheet del acuerdo comercial con China (noviembre de 2025); coberturas de Al Jazeera ("US says China to buy billions in agricultural goods after Trump-Xi talks", 18/5/2026) e Investigate Midwest ("China resumes US soybean purchases", 1/7/2026).
  6. Categoría oficial (new quality productive forces) que agrupa manufactura de alta tecnología, fabricación de equipos y productos digitales, entre otros segmentos intensivos en innovación.
  7. Guo, Jie (郭洁) (2015). "首钢秘鲁铁矿项目的历史与变迁" [Historia y transformaciones del proyecto de hierro de Shougang en Perú], 国际政治研究 [Estudios de Política Internacional], n.º 1, pp. 51-73.
  8. El saldo con Hong Kong, incluido en "Otros", fue de 303.900 millones de dólares en 2025, el mayor saldo bilateral de China.
  9. Guo, Jie (郭洁) (2014). "中国在拉美的经济存在:大不能倒?" [La presencia económica china en América Latina: ¿demasiado grande para caer?], China International Strategy Review, pp. 160-177.
  10. El TCRM mide el valor real de una moneda frente a una canasta de socios comerciales, ajustando por inflación relativa; su suba indica apreciación real (pérdida de competitividad-precio) y su baja, depreciación real (ganancia).
  11. Hiratuka, Célio y Diegues, Antônio Carlos (2025). "Artificial Intelligence in the Development Strategy of Contemporary China", Brazilian Journal of Political Economy, 45(1). doi.org/10.1590/0101-31572025-3636.
  12. Gallagher, Kevin P. (2016). The China Triangle: Latin America's China Boom and the Fate of the Washington Consensus. Oxford University Press.
  13. Wise, Carol (2020). Dragonomics: How Latin America Is Maximizing (or Missing Out on) China's International Development Strategy. Yale University Press. doi.org/10.2307/j.ctvxkn7rm.
  14. Myers, Margaret; Melguizo, Ángel y Wang, Yifang (2024). "New Infrastructure": Emerging Trends in Chinese Foreign Direct Investment in Latin America and the Caribbean. Inter-American Dialogue. Ver informe.
  15. Feliciano Nishikawa, José Carlos (2024). "La economía china, su impacto global y el futuro de las relaciones con el Perú", Intercambio, 28 de octubre. Ver nota.
  16. Sanborn, Cynthia A.; Pareja, Amanda y Quispe, Diego (2024). De Marcona a Chancay: la presencia económica y empresarial china en el Perú, 1992-2023. Universidad del Pacífico, Documento de Investigación n.º 28. doi.org/10.21678/978-9972-57-546-4.
  17. Urdinez, Francisco (2026). Economic Displacement: China and the End of US Primacy in Latin America. Cambridge University Press. doi.org/10.1017/9781009672238.
Informe elaborado por OLAC-UBA.